Por: Andrés Gómez Ocampo - Coordinador Técnico Cadre Paz y Prevención de Conflictos LFR
Hablar de crecimiento en Rotary no debería reducirse a números. Necesitamos clubes fuertes y abiertos a nuevas formas de servicio. Sin embargo, antes de preguntarnos cuántos socios tenemos, debemos responder una cuestión: ¿para qué queremos crecer?
El crecimiento comienza cuando sembramos un propósito en el corazón de una persona. Quien llega a Rotary no debería encontrar solamente reuniones, cargos, protocolos o estadísticas, sino una oportunidad para transformar vidas y comprender que servir puede convertirse en una manera de vivir.
Nuestros clubes se parecen a una planta. Incorporar un socio es sembrar una semilla, y nadie que haya cultivado una planta pensaría que su responsabilidad termina allí. Hay que regarla, darle luz, protegerla, acompañar su crecimiento y tener paciencia para verla florecer. Así debemos entender la conservación de nuestros socios. No podemos celebrar únicamente el ingreso de nuevas personas mientras descuidamos a quienes llevan meses, años o décadas construyendo nuestros clubes. Cada socio necesita sentirse valorado, escuchado, integrado y útil dentro del propósito de Rotary. Una persona permanece no porque figure en una lista, sino porque encuentra razones para quedarse.
Crecer también exige calidad humana. Rotary necesita personas dispuestas a servir, pero también honestas, coherentes, respetuosas y leales a sus principios. No se trata de aumentar estadísticas, sino de comprender que la confianza es uno de los patrimonios más valiosos de nuestra organización. Podemos crecer en número y debilitarnos si perdemos nuestros valores. La membresía sostenible nace de la coherencia entre lo que proclamamos y hacemos. Allí aparece uno de los grandes desafíos del liderazgo. A veces creemos que alcanzar una presidencia, gobernación, coordinación u otra responsabilidad significa llegar a la cima. En realidad, sucede lo contrario; al recibir un cargo no llegamos a la meta, sino al punto donde comienza una responsabilidad mayor.
Un cargo no debería hacernos sentir más importantes, sino más responsables. Liderar en Rotary no es estar por encima de los demás, sino ponerse a su servicio. El verdadero liderazgo genera confianza, inspira y crea oportunidades para que otros crezcan. Quien lidera debe ser un faro de luz que oriente mediante el ejemplo. Los nuevos socios observan mucho más de lo que imaginamos; cómo tratamos a los demás, resolvemos las diferencias, reconocemos el trabajo ajeno, reaccionamos cuando no somos elegidos y actuamos cuando recibimos una responsabilidad. Allí comienza la verdadera formación rotaria. Ninguna capacitación sobre membresía, liderazgo o servicio tendrá mayor impacto que el ejemplo cotidiano de líderes coherentes. Si hablamos de compañerismo, pero practicamos exclusión, perdemos credibilidad. Si defendemos la integridad, pero actuamos con deslealtad, debilitamos la confianza. Si buscamos reconocimiento personal, confundimos a quienes llegan y corremos el riesgo de transmitir esas conductas a la cultura de nuestros clubes.
Por eso, quienes hemos ejercido responsabilidades de liderazgo tenemos una obligación adicional; formar líderes mejores que nosotros, personas capaces de cuestionar constructivamente, innovar, trabajar en equipo y preparar a la siguiente generación para asumir responsabilidades con ética y generosidad.
El crecimiento que necesitamos no consiste únicamente en abrir la puerta para que alguien entre. Consiste en lograr que encuentre un lugar donde quiera permanecer, crecer y servir; en donde el nuevo socio pueda decir “aquí puedo aportar”; a quien lleva muchos años, sienta “todavía me necesitan”; los jóvenes piensen “aquí hay espacio para mis ideas”; y los líderes comprendan “esta responsabilidad me fue confiada temporalmente para servir”.
Membresía significa sembrar propósitos. Significa regar nuestra planta con amistad, fortalecerla con oportunidades, protegerla con integridad y permitir que crezca mediante el servicio. Un club puede tener muchos socios sin ser fuerte; la fortaleza aparece cuando sus integrantes comparten valores, construyen confianza y entienden que nadie está por encima del propósito que los reunió.
Los cargos pasan, los reconocimientos pasan y los periodos terminan. Pero aquello que sembramos en las personas puede permanecer durante generaciones. Nuestro desafío no es preocuparnos solamente por cuántos somos, sino por quiénes somos, por qué permanecemos y qué Rotary estamos dejando a quienes vienen detrás. Sigamos sembrando, regando nuestra planta y cuidando sus raíces. Asegurémonos de que sus frutos sean la amistad, la honestidad, la lealtad, la integridad y el servicio. Crecer por crecer puede aumentar una estadística; crecer con propósito puede transformar a Rotary y, a través de ella, transformar el mundo.
Disfruten Rotary a su manera: vívanlo de la forma que los haga felices y les permita hacer felices a los demás. En el servicio, la amistad y el propósito podemos encontrar nuestra manera de hacer el bien y transformar vidas.