Por: José A. Contreras Ospina - Club Rotario Medellín Bolivariana
¿QUÉ ES EL ALMA?
Una palabra que suena sumamente ligera, pero cuyo sentido es de los más profundos.
Nada fácil de definir, por carecer de explicación, más no de percepción.
El alma, aquel punto invisible donde nace todo lo que es auténtico: La emoción, la compasión, el propósito.
No está arraigada o corresponde con la fe ni la lógica; sino como aquel impulso a la acción, sin que sepamos el por qué.
Y aunque todos los seres humanos poseen alma, no todos poseen la misma forma ni calidad de esta, ni tampoco la forma como se hace patente.
Hay quienes la sienten arder en su interior, aquel fuego particular, aquella necesidad natural de servir, aliviar, construir, proteger, sanar.
A esta frecuencia interior, es lo que llamaremos el alma rotaria. Si algo permite que el alma se comunique con el mundo, son los sentidos. Pero, no debemos confundirlos o asociarlos directamente con los sentidos biológicos, sino sentidos que nacen del alma misma; símiles a un trasfondo mucho más profundo.
Los sentidos rotarios, aquellos canales a través de los cuales esa chispa interior se expresa en acciones concretas y transforma la realidad. Vamos a revisarlos uno por uno.
LA VISTA:
Cuantas veces se ha dicho que los ojos son el espejo del alma, a través de los cuales esta se proyecta, y puede tanto herir, sanar, alegrar, brindar amor, comprensión, empatía, y por ende vincularse con los demás sin necesidad de decir una sola palabra. La mirada del rotario no busca dominar ni juzgar, sino observar, aprender, entender, contemplar lo que hay a su alrededor para poder actuar.
En ella habita la decisión, la bondad, la comprensión, la compasión. Es una mirada que se posa en el horizonte humano, que identifica injusticias y, lejos de apartarse, las enfrenta.
EL OIDO:
El rotario escucha el murmullo del dolor ajeno, el silencio de aquel quien no se atreve a pedir ayuda, la voz quebrada de aquellas personas que perdieron la fe. Escuchar, para el alma rotaria, no es un acto pasivo: Es su forma de abrazar también con el alma, de prestar atención ante la necesidad de las voces que nadie más ha escuchado, de aquellos quienes por más que pidan ayuda es como si sus voces se perdieran en la nada, pero no para el rotario, quien distingue el llamado del servicio… y acude.
EL TACTO:
Quizás, el sentido más honesto de todos, aquel que no permite fingir.
El tacto es presencia, la prueba silenciosa que dice sin palabras estoy aquí, contigo.
No explica, no argumenta, no promete: acompaña. El alma rotaria se expresa en el tacto cuando una mano se extiende sin miedo, sin superioridad, con seguridad, dignidad y respeto.
Es aquel que busca levantar sin exhibir, guiar sin empujar, aquel que permanece cuando las palabras ya no alcanzan.
A veces, el mundo necesita discursos, voces que levanten el espíritu, aunque también, necesita algo más simple y profundo, alguien que se quede y que toque con humanidad, aquel gesto que tenga el peso de más de mil palabras.
Cada alma rotaria toca, no con la intención de dejar su huella en la piel, sino de dejar la impronta en el corazón. Aquel contacto breve, sincero, desinteresado, puede ser la semilla para que un alma pueda florecer.
LA PALABRA:
Entendida como el sonido visible del alma.
La voz del rotario no busca aplausos, busca nutrir los corazones y las almas que lo necesiten.
Algunas veces encendiendo el fuego de los corazones apagados, o trayendo la lluvia que reavive las almas apagadas.
Aquella voz que es firme, pero a la vez evoca ternura; aquella voz que sabe cuándo debe emitirse para sanar.
La palabra del rotario construye, inspira, orienta, trae unión. Y cuando hace promesas, las dice con el peso sagrado del compromiso.
Al final de todo, el alma rotaria no se define por lo que siente, sino por lo que hace sentir a los demás. Su fuerza no está en el cuerpo, sino en la voluntad; su legado no está en los títulos ni riquezas, sino en las vidas que toca y transforma.
El alma rotaria es una llama que se alimenta del servicio, y su luz, aunque humilde, tiene el poder de brillar en la más profunda oscuridad.