Por; Jose Ricardo Ordoñez Aceros. / Miembro del club Rotario de La Vega
Sin lugar a dudas, la pandemia generada por el Sars-Cov2 trajo consigo grandes retos para la humanidad. Muchos hogares alrededor del mundo perdieron a sus seres queridos y, entre las medidas de contención, varios gobiernos plantearon los aislamientos preventivos. Nadie estaba preparado para una situación así. Todos quedamos en la perplejidad. No obstante, con el pasar de los días, meses y ya casi dos años, las propias circunstancias de la pandemia nos han permitido volver sobre nuestros pasos y reflexionar con mayor intensidad sobre nosotros mismos. Aunque en el fondo lo intuíamos, pudimos ratificar que todos estamos conectados por fuertes lazos de solidaridad y que nuestra existencia tiene sentido porque nos necesitamos los unos a los otros.
Gracias a esta nueva conciencia, que hubiera sido difícil de conseguir en otros momentos, encontramos la fuerza para buscar diferentes alternativas que nos permitieran seguir unidos. Las distintas generaciones tuvimos un despertar y pudimos considerar nuevas tecnologías -que antes no habíamos tomado muy en serio- para cumplir nuestros objetivos y reestablecer los ritmos de vida, pero en las nuevas condiciones. En este proceso, Rotary no ha sido la excepción y ha diseñado interesantes mecanismos para que sus integrantes sigan siendo gente de acción.
En el caso del Club de La Vega -adscrito al Distrito 4281- experimentamos un proceso que nos llevó a la virtualidad. Paradójicamente, mientras la pandemia nos replegó en nuestros hogares, el mundo se abrió ante nosotros. Así, nos hemos podido acercar más a la comunidad y conocer nuevos amigos, en especial, jóvenes quienes se han integrado a Rotary para aportar sus nuevas ideas y el ímpetu de los años mozos; lo cual se ha reflejado en fortalecimiento de la página Web y el robustecimiento mismo del Club.
En definitiva, al franquear las barreras que implican la movilidad física, los medios digitales nos habilitaron para llegar a nuevos espacios, conocer más de las necesidades de nuestras gentes y hacerles conocer que el Club está allí, a su lado, para tenderles su mano amiga. En otras palabras, nuestro mensaje fue que Rotary seguía presente con su misión pese al distanciamiento. Por otro lado, la virtualidad nos ayudó a fortalecer nuestras propias redes humanas, incluso con miembros ubicados en lugares distantes a La Vega. Durante los confinamientos, la comunicación entre pares fue frecuente y muy reconfortante. Todos nos dimos ánimo y nos coordinamos asertivamente para cumplir con nuestras actividades programadas. Ello sin contar que participamos en diferentes capacitaciones, -con diversos profesionales del mundo-, para enriquecer nuestra vocación de servicio. Así implementada, la virtualidad nos ha permitido ser mejores que antes y acercarnos más. De hecho, en varias de nuestras sesiones contamos con personalidades del Distrito que, muy probablemente, no hubieran podido asistir en condiciones de presencialidad. Ello nos indica que la fraternidad en Rotary crece a cada día.
Por supuesto, este proceso ha tenido circunstancias difíciles, por ejemplo, vimos partir para siempre a miembros entrañables del Distrito y que eran como hermanos. Sin embargo, la energía juvenil de los nuevos integrantes, que, con sus pensamientos, alegría y ánimo para servir a los demás, nos han llenado de optimismo para seguir adelante con este proceso de aprendizaje mutuo que implican los deseos de ayudar.
Solo resta decir que hoy, ante el cuarto pico de la pandemia, el Club de La Vega se encuentra preparado, dispuesto para adaptarse a las circunstancias. Disfrutamos de la virtualidad y la entendemos como oportunidad de superarnos. Esta nos enseñó que, pese a la pandemia, nunca estuvimos solos y que las buenas voluntades siempre buscan los medios necesarios para hacer del mundo un lugar más amable.