CÓMO UN SEMINARIO DE MEMBRESÍA PUEDE CAMBIAR TU VIDA SAN GIL: EL FIN DE SEMANA QUE ME RECORDÓ POR QUÉ VALE LA PENA SEGUIR EN ROTARY

Por: Andrea Catalina Gómez Otálvaro – Socia CR Montería II

 

Confieso que viajé a San Gil esperando encontrar un excelente seminario de membresía. Lo que nunca imaginé fue que regresaría con el corazón más lleno, con nuevas amistades y con una convicción aún más profunda de lo que significa ser rotario.

En tiempos donde es fácil cansarse, donde las responsabilidades nos abruman y donde muchas veces olvidamos por qué comenzamos este camino de servicio, experiencias como esta llegan para recordarnos la esencia de Rotary.
Desde el primer momento sentimos algo diferente. No éramos visitantes. No éramos invitados. Éramos familia.

El Club Rotario de San Gil no organizó simplemente un evento; nos abrió las puertas de su corazón. Cada saludo, cada abrazo, cada detalle y cada sonrisa nos hicieron sentir acogidos de una manera difícil de explicar. De esas experiencias que no se cuentan, se viven.

Nuestra gobernadora, Ximena Caicedo, nos recibió con la cercanía de quien entiende que Rotary crece cuando las personas se sienten valoradas. 
Su liderazgo nos recordó que los cargos son pasajeros, pero la capacidad de inspirar y servir permanece para siempre. Y qué decir de Diego Ordóñez y Diana Triana, quienes abrieron las puertas de su hogar para compartir con nosotros un encuentro rotario lleno de amistad, conversaciones sinceras y momentos que quedarán grabados en nuestra memoria. Allí comprendí que Rotary no ocurre únicamente en las reuniones o en los proyectos; Rotary sucede cuando los corazones se encuentran.

Tuve el privilegio de conocer personas extraordinarias, auténticas, generosas, llenas de historias y enseñanzas. Personas que, sin darse cuenta, nos inspiran a ser mejores. Porque en Rotary cada carisma cuenta, cada experiencia suma y cada ser humano tiene algo valioso que aportar. Los seminarios de membresía son mucho más que jornadas de capacitación. Son espacios donde renovamos el propósito, fortalecemos nuestro liderazgo y recordamos que servir no es una obligación, sino un privilegio. Son encuentros donde descubrimos que liderar no significa figurar, sino impactar vidas desde la humildad, el ejemplo y el amor por los demás.

Regresé de San Gil pensando en algo que escuché durante el encuentro: las personas llegan a Rotary por muchas razones, pero permanecen por las relaciones humanas que construyen. Y es verdad. Porque al final no son los discursos los que permanecen en la memoria; son los abrazos, las conversaciones, las risas compartidas y la certeza de saber que pertenecemos a una organización que sigue creyendo en la bondad de las personas.

Hoy entiendo que asistir a estos espacios es una inversión en nuestro crecimiento personal y rotario. Cada viaje nos transforma. Cada encuentro nos enseña. Cada amistad nos fortalece.

Y si algún rotario está atravesando un momento difícil, si alguna vez ha pensado en alejarse o si siente que ha perdido la motivación, quisiera decirle algo desde el corazón: asista a un seminario, viaje, conozca otros clubes, escuche otras historias y permita que Rotary vuelva a sorprenderlo. Porque eso fue lo que ocurrió en San Gil. No regresé únicamente con fotografías ni con apuntes de un seminario. Regresé recordando por qué me enamoré de Rotary. Y con más ganas que nunca de seguir sirviendo, aprendiendo y construyendo amistad alrededor del mundo.

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