Por: Salma Jaller Francis – Socia Rotary Club Montería
El lunes 2 de febrero regresábamos en familia de celebrar el Día de la Virgen de la Candelaria, una advocación desde hace más de 60 años, que forma parte de mi historia espiritual, heredada de mis abuelos y conservada con profunda devoción en nuestro hogar.
En Montería, en el kilómetro 15 vía Planetaria, se encuentra nuestro Parque Rotario, desarrollado en un terreno donado por un rotario. Allí construimos una capilla que lleva el nombre de Nuestra Señora de la Candelaria, levantada gracias al apoyo de empresarios de la región, amigos y, por supuesto, de Rotary. Ese lugar no es solo un espacio físico: es memoria viva, es fe compartida, es propósito colectivo.
Allí hemos desarrollado nuestro proyecto ROTARY SIEMBRA VIDA, un programa ambiental reconocido por la siembra y el mantenimiento de árboles nativos como homenaje póstumo. Cada árbol plantado honra una vida y cada sombra representa memoria que permanece. Ese día, después de un aguacero interminable, regresábamos a Montería sin imaginar que la lluvia que acompañó nuestra celebración de la Virgen de la Candelaria, sería el preludio de una de las emergencias más difíciles que ha vivido nuestro departamento.
Al llegar a mi casa, recibí una llamada. La solicitud fue clara: necesitaban que como rotarios, nos volcáramos en una sola voz de aliento, solidaridad y servicio para las familias cordobesas.
Nuestro sí fue inmediato. Lo que comenzó como una lluvia intensa se convirtió en la tragedia de todo un departamento. Veintiocho de sus treinta municipios quedaron bajo el agua. El desbordamiento del majestuoso Río Sinú no solo inundó calles y viviendas; arrasó cultivos, ganado y animales de cría. Se perdieron pertenencias que representaban años de trabajo. Pero no fueron únicamente pérdidas materiales, se perdió esperanza, se detuvieron sueños, se quebraron proyectos de vida.
Han pasado varios días desde que Rotary asumió esta misión como propia. Y cuando decimos “asumió”, hablamos de algo más que organización y logística. Hablamos de rotarios que cancelaron agendas, movieron compromisos profesionales y familiares y se trasladaron a los territorios afectados para hacer lo más humano y poderoso que existe: escuchar, abrazar y dar la mano.
Porque hay realidades que no se comprenden desde un escritorio ni desde otra ciudad. Perderlo todo es una frase breve para una herida profunda. Es ver cómo el agua borra en horas lo que tomó décadas construir. Es intentar rescatar fotografías, herramientas de trabajo o el cuaderno del colegio mientras la corriente sigue subiendo.
Nosotros lo vimos. Caminamos entre casas marcadas por el nivel del agua. Escuchamos el silencio pesado de quienes no saben por dónde empezar de nuevo, y también fuimos testigos de dos fuerzas extraordinarias: la resiliencia silenciosa de nuestra gente y el brazo generoso de quienes, desde distintos lugares, miraron a Córdoba con bondad. En estos 25 días de febrero, Rotary ha logrado entregar más de 4.000 ayudas entre mercados, kits de aseo, hamacas, colchonetas, ropa, zapatos, toldillos y botiquines de primeros auxilios. Pero esas no son cifras para mostrar; son gestos para sentir.
Cada mercado representó una mesa que volvió a tener alimento. Cada colchoneta, una noche menos sobre el suelo húmedo. Cada abrazo, la certeza de que no estaban solos.
Y mientras el agua cubría gran parte de Córdoba, recordábamos algo esencial: así como sembramos árboles para honrar la vida y perpetuar la memoria, también sembramos esperanza en medio de la adversidad. Hoy, pertenecer a Rotary me llena de un orgullo distinto. Un orgullo que no nace del reconocimiento, sino del servicio. Es comprender que, aunque cada club tenga sus propios proyectos y enfoques, cuando el territorio nos necesita, nos unimos como uno solo. Córdoba duele, pero también enseña. Enseña que la solidaridad organizada de los rotarios transforma realidades. Enseña que el servicio oportuno salva dignidades, y enseña que, cuando Rotary responde, lo hace con la transparencia que lo caracteriza, con la solidaridad que lo define y con el amor por el servicio que lo mueve. Hoy más que nunca reafirmo que ser rotario no es solo pertenecer a una organización internacional de servicio.
Ser rotario es estar donde debemos estar. Y eso, en medio de la tragedia que afronta mi amado departamento de Córdoba, es profundamente transformador.