Por: Ary Sánchez – Socio Club rotario nuevo Cali
Hablar de Dagua es hablar de resiliencia, esperanza y compromiso social. Este municipio, ubicado en una zona estratégica del Valle del Cauca, ha sido históricamente un territorio impactado por las dinámicas del conflicto armado colombiano. Sin embargo, hoy también es ejemplo de cómo las instituciones, las comunidades y el liderazgo local pueden avanzar hacia escenarios de reconciliación, inclusión y construcción de paz.
Durante años, cientos de familias dagüeñas vivieron situaciones de desplazamiento, pérdida y vulneración de derechos. Muchas personas llegaron al municipio buscando protección y nuevas oportunidades; otras resistieron desde sus territorios rurales, enfrentando las dificultades derivadas de la violencia. En ese contexto, la atención integral a las víctimas se convirtió no solamente en una obligación institucional, sino en un compromiso humano y social.
Actualmente, las cifras permiten dimensionar la importancia de esta labor. En Dagua se registran más de 11.231 víctimas por ubicación, de las cuales 9.282 han sido sujetos de atención institucional. Estos datos reflejan el esfuerzo realizado para garantizar acompañamiento, acceso a programas sociales y rutas de atención orientadas a restablecer derechos y mejorar la calidad de vida de las familias afectadas por el conflicto.
El enfoque diferencial ha sido uno de los pilares fundamentales en este proceso. La administración municipal ha entendido que cada víctima enfrenta realidades distintas según su edad, género y condición social. Por ello, se han fortalecido estrategias dirigidas a niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores, buscando que la atención sea más humana, cercana y efectiva.
Las cifras muestran, por ejemplo, una importante concentración de población víctima entre los 29 y 59 años, especialmente mujeres, con 2.791 registradas y 2.492 sujetas de atención. Este dato evidencia el enorme reto social que representa acompañar a madres cabeza de hogar, cuidadoras y mujeres que han debido reconstruir sus proyectos de vida en medio de circunstancias complejas. De igual forma, la población joven entre los 18 y 28 años representa otro grupo prioritario, con más de 2.200 hombres y mujeres atendidos mediante distintos programas institucionales.
La niñez y la adolescencia también ocupan un lugar central dentro de las políticas de atención. Más de mil menores entre los 6 y 17 años hacen parte de la población víctima registrada en el municipio. Frente a esta realidad, la Alcaldía de Dagua ha impulsado acciones orientadas a fortalecer el acceso a la educación, la atención psicosocial y los espacios de protección integral, entendiendo que la construcción de paz comienza precisamente por brindar oportunidades a las nuevas generaciones.
Otro aspecto relevante ha sido la articulación entre la atención a víctimas y los procesos de inclusión social. Según las cifras de caracterización del Sisbén, alrededor de 9.008 personas víctimas del conflicto han sido identificadas dentro de este sistema, permitiendo focalizar ayudas y programas sociales de manera más eficiente.
Esto ha facilitado el acceso de muchas familias a beneficios institucionales relacionados con salud, educación, seguridad alimentaria y programas de fortalecimiento económico.
La labor liderada desde la Alcaldía de Dagua en cabeza de Karol Villarejo, ha buscado ir más allá de la asistencia inmediata. El objetivo ha sido avanzar hacia procesos de reparación integral y reconstrucción del tejido social. En ese camino, el diálogo comunitario, la participación ciudadana y el fortalecimiento de las organizaciones sociales han sido fundamentales para promover escenarios de convivencia y reconciliación.
Construir paz en los territorios implica reconocer el dolor de las víctimas, pero también generar condiciones reales para el futuro. Por eso, desde el municipio se han promovido iniciativas encaminadas a fortalecer la convivencia, la institucionalidad y la presencia del Estado en sectores rurales y urbanos. Estas acciones contribuyen a generar confianza ciudadana y a consolidar procesos sociales sostenibles.
El trabajo con las víctimas también representa un mensaje de dignidad y reconocimiento. Cada cifra refleja una historia de vida, una familia y una comunidad que merece ser escuchada y acompañada.
En ese sentido, la atención integral no debe entenderse únicamente como una respuesta administrativa, sino como una apuesta ética por la justicia social y la reparación.
Hoy, Dagua continúa enfrentando desafíos importantes, pero también demuestra que es posible avanzar cuando existe voluntad institucional y compromiso colectivo.
La construcción de paz no ocurre de un día para otro; es un proceso permanente que requiere sensibilidad, liderazgo y trabajo articulado entre el Estado y la comunidad.
Desde la administración municipal se sigue fortaleciendo una visión de territorio donde las víctimas no sean recordadas únicamente por el dolor vivido, sino también por su capacidad de resiliencia, liderazgo y transformación social. Ese es el verdadero sentido de construir paz: generar oportunidades, recuperar la confianza y sembrar esperanza para las futuras generaciones.
En un país que aún enfrenta grandes retos en materia de reconciliación, municipios como Dagua evidencian que el trabajo local tiene un enorme valor. Cada acción institucional, cada programa social y cada esfuerzo comunitario representan pasos concretos hacia una sociedad más justa, incluyente y humana.