Dar de sí sin pensar en sí, y ahora nuestro lema “CONECTANDO AL MUNDO”, ratifica aún más uno de nuestros principios rotarios.
Por : Juan Bernardo Serrano
Socio Club Rotario de Yopal
Un saludo grande a todos mis amigos rotarios de Colombia y del mundo.
Tuvimos visita de nuestra gobernadora en Casanare, donde el Club Rotario de Yopal compartió y disfruto esta valiosa visita. Por esos días, Yo, Juan Bernardo Serrano Ardila, rotario de Yopal, comenzaba mi carrera a la Gobernación del departamento de Casanare. Estábamos de gobernador a gobernador, se podría decir. Durante esta estadía de nuestra gobernadora, tuvimos la oportunidad de ayudar a una familia con el comodato de una silla de ruedas para un joven accidentado por un carro fantasma que lo tiene postrado ya hace varios meses.
Es allí, en estas acciones, en las que ser rotario es más placentero, pues definitivamente lo que se puede hacer con una buena gestión y diplomacia es realmente incalculable. Dar de sí sin pensar en sí, y ahora nuestro lema “CONECTANDO AL MUNDO”, ratifica aún más uno de nuestros principios rotarios.
Entiendo la difícil situación socioeconómica que está atravesando el país. Realmente es tan grave que es andando donde vemos los resultados de años y años de malos gobiernos, donde la improvisación e irresponsabilidad en el manejo de los recursos redunda en una inequidad gigante, que estremece y me ha llegado a bajar el voltaje a su mínimo ante el impacto de esa dura realidad. Es inmenso el portafolio de necesidades que tiene nuestra sociedad. La tradicional forma de hacer política ha convertido a los ciudadanos en mendigos que se dedican a pedir sin prevención alguna. Es automático el acto de pedir alguna dadiva o como decimos “El mundano favor Personal”.
La pérdida de valores y la aceptación social a hechos corruptos han acostumbrado a los individuos a convivir y tolerar esas conductas inapropiadas que desafortunadamente no son castigadas eficientemente como si lo hacen otros países, donde es un delito grave los actos de corrupción por mínimo que sean. Es allí donde debemos trabajar fuertemente para sacar del diccionario de aceptación social de situaciones como digo: “Le decimos DOCTOR al bandido, que sabemos desangra nuestros recursos y derechos, y también hemos llegado a decir: “El man robo, pero hizo”.
Si realmente trascendiéramos el impacto de esas actitudes y las sancionáramos, así fuese socialmente, la corrupción sería una desgracia para el individuo que la practicase.
La tarea es grande y tenemos que enfilar baterías todos los colombianos, pues estamos perdiendo nuestro país. Tenemos una sombra gigante que se nos vino encima y no nos hemos percatado que es muy similar la situación a la de los ciudadanos venezolanos, quienes han invadido poco a poco nuestro país ante el punto de no retorno, o mejor dicho ante la situación donde ya no hay que hacer.
Es enorme la inequidad los retos sociales gigantes. Realmente los colombianos tenemos mucho por aprender de las grandes culturas y sociedades. El sistema feudal de concentración de la tierra hace distante la posibilidad de oportunidades a muchos campesinos que recurren a la ciudad como última alternativa de esperanza, siendo esta decisión su propia eutanasia a las oportunidades.
Qué reto tan grande tenemos los colombianos para redirecccionar nuestro país, para fomentar el verdadero liderazgo que trascienda de la protesta a la propuesta y dejemos a un lado los juicios de valor, los egos protagónicos que se convierten en egoísmo y no permiten ver al otro florecer pues genera la malvada envidia que paraliza la capacidad de entender que el otro puede ser mejor y más valiente que nosotros.
Solo si nosotros mismos damos un paso adelante podremos comenzar a escribir la otra historia de Colombia, una historia de proactividad enfocada más a lo social, al empoderamiento social participativo, lógico y ético, y a reprogramar los senderos de nuestro país con una visión de progreso social basada en la calidad de vida de los individuos que no necesariamente debe ir arraigado a la riqueza económica sustentada en la acumulación de capitales, que enferman al individuo y lo alejan de la posibilidad de desprenderse y “Dar de sí, sin pensar en Si”.