Por: CR(V) Carlos Dario Ortiz
Ricardo - CR Nuevo Ibagué – D4281
Ingresé al Club Rotario Nuevo Ibagué gracias a varias conversaciones casuales sobre lectura y ajedrez con quien posteriormente sería mi padrino para ingresar al club. Llegué con la expectativa de conocer y comprender más de cerca la valiosa labor que realizan los rotarios: un grupo de personas que se unen para servir, poniendo sus conocimientos, experiencias y capacidades al servicio de la comunidad.
En nuestro Club, ese servicio está principalmente orientado a Ibagué y el departamento del Tolima, pero también trasciende fronteras mediante acciones que benefician a comunidades de diferentes regiones de Colombia y de otros países del mundo.
Soy coronel, veterano del Ejército y, desde mi experiencia, conocimientos y capacidades, siempre he tenido la disposición de aportar al Club para contribuir al cumplimiento de nuestro Plan de Acción, nuestra carta de navegación para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, aplicando una de las principales filosofías de Rotary: “Dar de sí antes de pensar en sí”.
Sin embargo, la vida tiene formas inesperadas de enseñarnos el verdadero significado de esa filosofía. Así fue cuando recibí una llamada de la presidenta del Club, María Florencia, quien me explicó el significado de “Rotario ayuda a Rotario”. Me manifestó que, durante una reunión, la Junta Directiva propondría brindarme un apoyo debido a la situación que había vivido mi familia como consecuencia del terremoto que afectó el edificio donde tenía un apartamento en Cali, donde vivían mis hijos, Carlos Eduardo y Valentina.
Gracias a Dios, ellos se encuentran bien. La estructura del edificio soportó la fuerza del terremoto, pero sufrió graves daños estructurales y fue declarado en riesgo de colapso. Por esta razón, no fue posible volver a ingresar para recuperar pertenencias. Ante la propuesta de recibir el apoyo, me preguntaron si estaba de acuerdo. Mi respuesta fue afirmativa, no solamente porque lo necesitaba, sino porque entendía que aceptar era reconocer y vivir los principios y valores de la familia Rotary.
Durante la reunión del club les conté la situación que habían vivido mis hijos y lo que significa, perderlo todo. Un desastre de esta magnitud te obliga a evacuar con lo que tienes puesto y aquello que logras tomar en ese momento. Después, al mirar hacia atrás y ver el lugar donde vivías, sabes que ya no puedes regresar para recuperar objetos, algunos con un valor económico y otros, con un profundo significado sentimental.
Al día siguiente del terremoto hablé con mi hijo Carlos, quien es edil y presidente de la comuna. Le dije que debía continuar ejerciendo su liderazgo y trabajando por la comunidad. Me contó que, al mediodía, organizaría una olla comunitaria para brindar almuerzo a los damnificados, los rescatistas y los adultos mayores de un ancianato cercano.
Uno siempre tiene en mente aportar su experiencia, sus conocimientos, su capacidad de organización y de articulación al servicio de los demás. Esa es la razón por la cual ingresé al Club: servir y contribuir a quienes más lo necesitan. Nunca imaginé que, en algún momento, yo mismo podría convertirme en beneficiario de la solidaridad y de los valores que promueve Rotary.
Durante mi tiempo de servicio y el que llevo en el Club Rotario Nuevo Ibagué, he comprendido que, frente a la magnitud de una tragedia, nuestras acciones y aportes pueden parecer pequeñas, incluso cuando logramos conseguir recursos o acceder a algún tipo de subvención, y cuando esos recursos se entregan con solidaridad, se focalizan adecuadamente y llegan a quienes realmente los necesitan.
Esta experiencia también me permitió comprender que la filosofía rotaria no solamente se expresa en lo que somos capaces de dar, sino también en la capacidad de acompañarnos y ayudarnos unos a otros cuando alguno de nosotros atraviesa una situación difícil. Ingresé a Rotary con la intención de servir, convencido de que debía aportar antes de pensar en recibir.
Pero también aprendí que aceptar una ayuda no disminuye nuestra capacidad de servir; por el contrario, nos permite experimentar en carne propia el valor de la solidaridad, la amistad y la fraternidad que promovemos. Porque detrás de cada aporte hay una persona, una historia y un acto de generosidad.
Quizás esa sea la gran enseñanza. A veces, lo poco es mucho, y lo mucho puede ser poco.