Por: Sebastián Montes Vallejo - Club Rotario Pereira
Un lunes que parecía ser como cualquier otro, pero que terminó convirtiéndose en una pesadilla para muchas familias del centro occidente colombiano. El lunes 10 de agosto de 2026 a las 7:34 a. m., fue el día en que Colombia vivió un terremoto de magnitud 7,4 Mw con epicentro en San José del Palmar (Chocó), que afectó principalmente a los departamentos del Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Caldas, Quindío y Antioquia. Dejó como trágico resultado un estimado de 331 personas fallecidas, 185.000 familias y 361.300 personas damnificadas. A esto se sumaron aproximadamente 553 edificios colapsados, 31.500 viviendas destruidas, 178.500 viviendas averiadas, 525 centros de salud afectados, 3.700 centros educativos afectados, 5 aeropuertos afectados y daños en 427 vías, 112 acueductos y 75 puentes, entre muchas otras afectaciones, lo que lo convirtió en uno de los eventos sísmicos que más daño ha causado en la historia de Colombia.
Entre todos los colombianos damnificados también hay familias rotarias que sufrieron graves pérdidas, pues perdieron sus viviendas y sus pertenencias y, aunque afortunadamente conservan a sus familias unidas, se vieron obligadas a dejar atrás todo lo que tenían y comenzar de cero, de manera abrupta, en un nuevo lugar.
Así es el caso de la familia Sandoval Montealegre, una familia caleña conformada por Juan, Ángela y Saori, su hija de 5 años. Juan y Ángela hacen parte de forma activa del club Rotaract Cali Norte desde hace 12 años. Agosto de 2026 iba a ser un mes muy especial para la familia, ya que Sao, como llaman de cariño a su hija, iniciaría la etapa colegial y todas las energías, esperanzas y sueños estaban enfocados en que ese comienzo fuera tan especial como ha sido todo lo relacionado con su linda hija. Todo estaba listo para el inicio de clases el 12 de agosto y Sao disfrutaba de los últimos días de vacaciones haciendo lo que más le gusta: leer con la mamá y jugar fútbol con el papá. En la mañana del 10 de agosto, Juan y Ángela estaban en el comedor desayunando y Sao aún dormía, cuando empezaron a sentir una vibración muy extraña por todas partes. Ángela, presintiendo algo, le dijo a Juan: “Amor, ve por la niña, que está temblando” y Juan corrió a la habitación de Sao para cargarla y poder evacuar la casa. Esta reacción fue muy afortunada, porque en el minuto y medio siguiente, en el que lograron salir a la calle, vieron cómo las paredes, las vigas, las columnas y el techo de la vivienda no soportaron la descarga de energía que el terremoto liberó y toda su casa se colapsó frente a ellos. Los tres, abrazados, muy asustados pero agradecidos de estar juntos, vieron como todas sus posesiones quedaban atrapadas dentro de lo que ahora son escombros y polvo.
Ellos vivían en el primer piso de un edificio ubicado cerca de la plaza de toros en Cali. El edificio quedó inhabitable y con alto riesgo de derribarse; por esta razón, han sido pocas las cosas que han podido sacar. Se trasladaron de allí a la casa de los papás de Ángela, quienes con amor de hogar los albergaron durante el resto del mes. En los días siguientes al terremoto, ya desde la casa de los papás de Ángela, sintiéndose más seguros y apoyados por su tribu familiar, no se quedaron de brazos cruzados y empezaron a trabajar con su Club Rotaract para ayudar a otros que también estaban en situación vulnerable. De la misma forma, manos solidarias como las de familiares, compañeros de trabajo, familia Rotaract y personas cercanas les hicieron donaciones a Juan, Angela y Sao para que tuvieran recursos con qué comprar ropa y artículos de primera necesidad. Entre todas las consecuencias graves que trajo consigo el terremoto también está la poca oferta de inmuebles para arrendar y el alza en el costo de los arrendamientos, uno de los nuevos problemas que tuvo que enfrentar la familia Sandoval Montealegre. A pesar de la situación, no perdieron la fe y continuaron buscando un nuevo lugar donde pudieran comenzar de nuevo y reconstruir su hogar. A inicios de septiembre encontraron una vivienda a un precio justo, que es ahora su nuevo hogar. Aunque el proceso no ha sido fácil, han puesto todo su empeño en adaptarse a él y comenzar de nuevo. Estos primeros días han sido difíciles y retadores. Los recuerdos y las imágenes de lo vivido siguen presentes y, en algunos momentos, afectan su estado de ánimo y sus emociones. Sin embargo, el amor y apoyo que se brindan mutuamente los impulsa a darlo todo para salir adelante y construir un futuro mejor para su familia.
Este terremoto produjo afectaciones al 42 % de la población de Colombia: unos perdieron seres queridos, otros perdieron sus casas y bienes materiales, y otros, sin haber sufrido ninguna afectación física, sintieron el dolor ajeno como propio. Pero también produjo una movilización de todo el país, que se unió para ayudar a los necesitados, gestionar donaciones, entregarse en cuerpo y alma para sacar personas de los escombros y ayudar a sanar a los enfermos. Así somos los colombianos: solidarios, generosos, empáticos, listos para entregarnos por los demás y muy congruentes con nuestra filosofía rotaria, “Dar de sí antes de pensar en sí”.