Por: JOSE ALFONSO CARRIZOSA ALAJMO. CR Bogotá Laureles
Por allá en el año 2009 tuve la oportunidad de conocer y vivir la Fundación Rotaria, gracias a que en la Gobernación del Capitán Luis Jaime Correa y su señora Marcela Gutiérrez de Piñeres, fui nombrado su presidente, un reto de tres años, que me dejaron una gran satisfacción.
En compañía del Gobernador iniciamos esos interminables viajes, llenos de aventuras, casi siempre por tierra parando y durmiendo donde nos cogiera la noche y entre esas visitas recuerdo la del club de Garagoa, en donde fuimos recibidos por su presidente, el señor Obispo y los demás miembros del club que siempre eran el Notario, el Alcalde y demás empleados gubernamentales comprometidos con su Municipio.
Nos llamó la atención, que todo el trayecto fuera por el “Valle de Tenza”, entre montañas, mucha curva y de Valle no tenia nada… Y cuando averiguamos el porqué de ese nombre nos contaron que cuando caía la noche solo se veían las luces de los diferentes municipios y sus casas, formando una alfombra luminosa como un verdadero valle.
Cambiando de rumbo, visitamos otro sitio llamado Soatá, más lejano, entre las montañas, camino a los limites con Santander, siempre con el cañón del Chicamocha a nuestro lado acompañándonos y guiando nuestro camino.
Esa noche pernoctamos en Tunja y cuando busqué mi billetera, no la encontré y angustiado le pregunte a mi señora si la había visto y ella apenada me confesó, que el día anterior se la había encontrado tirada en el piso y la había escondido para que yo tuviera más cuidado la próxima vez, total se quedó en Bogotá y yo como conductor me encontraba indocumentado… Mortificado logré conciliar el sueño, al otro día nos esperaba otro largo camino hacia nuestro destino.
Salimos madrugados, para llegar a medio día, donde éramos esperados por el club, otra vez montañas, curvas y antes de llegar vimos a lo lejos una patrulla del ejército parando carros, haciendo bajar a los ocupantes y registrando hasta las maletas, lógico estábamos llegando a una zona de guerrilla, cerca a la Uvita, donde se ocultaban varios de sus lideres, paso a seguir, a prudente distancia pero que nos vieran, nos bajamos del carro, nos estiramos y a mil, cambio de conductor, cuando llegamos al reten los soldados nos preguntaron para donde íbamos y a que, y que el conductor era otro, explicamos que el trayecto desde Bogotá era muy largo, nos turnábamos la manejaba y cuando el Gobernador fue requerido, saco los papeles de Capitán de la Marina, llamaron al Sargento, se cuadraron, saludaron y le dijeron… BUEN VIAJE CAPITÁN…
Finalmente llegamos a Soatá, una población típica boyacense con su plaza y catedral sitio de reunión obligado de sus habitantes y ubicada en una pequeña meseta, con su vista de 360° como vigilante de ese entramado de montañas tan propia de nuestra geografía.
Igualmente fuimos recibidos con la calidez de su gente y la emoción de que en cualquier lugar de Colombia hay personas comprometidas con las causas sociales.
Después de ese primer año de visitas de llevar la Fundación Rotaria a diferentes departamentos como Huila y Tolima siempre acompañado por mi escudero, la de la billetera… terminé mis paseos por Colombia, pero no mi compromiso con la Fundación, la cual llevo siempre en mi corazón.