Por. María Manuela Córdoba Presidente
Club Rotario Bogotá Centenario 25-26
El 23 de mayo vivimos una experiencia que nos recordó el verdadero significado del liderazgo, la empatía y la inclusión. El RYLA Rotary en Señas nació como un programa para construir puentes entre la comunidad sorda y oyente, pero terminó convirtiéndose en mucho más: una oportunidad para transformar nuestra manera de comunicarnos, entender al otro y servir desde el corazón.
Somos seres comunicativos. Desde que nacemos buscamos maneras de expresar lo que sentimos, pensamos y soñamos. Sin embargo, muchas veces reducimos la comunicación únicamente a las palabras y olvidamos que también existe en los gestos, las miradas, las expresiones y las manos. Basta una sonrisa, una señal o un movimiento para transmitir emociones profundas. Entonces surge una pregunta importante: ¿qué pasaría si esa fuera nuestra principal forma de interactuar con el mundo?
La sociedad en la que vivimos está diseñada principalmente para personas oyentes. Algo tan cotidiano como asistir a una cita médica, estudiar, participar en una actividad académica o simplemente mantener una conversación puede convertirse en un reto enorme para las personas sordas.
Durante mucho tiempo hemos creído que son ellas quienes deben adaptarse a nuestro entorno, cuando en realidad somos todos quienes debemos trabajar para construir espacios accesibles e incluyentes.
Esa reflexión fue el punto de partida de Rotary en Señas. Más que una actividad aislada, este programa buscó generar conciencia sobre la importancia de derribar barreras y acercarnos a una realidad que muchas veces pasa desapercibida. Queríamos demostrar que la inclusión no debe verse como un acto simbólico o pasajero, sino como una responsabilidad colectiva que empieza con pequeños pasos: aprender, escuchar, respetar y estar dispuestos a entender otras formas de comunicación.
A lo largo de la jornada vivimos dinámicas, conversaciones y experiencias que permitieron conectar a jóvenes líderes desde la empatía y el servicio. Compartir con personas sordas y convivir en un entorno donde la lengua de señas ocupaba un papel central nos permitió comprender que la verdadera conexión humana no depende únicamente de la voz. Depende de la disposición que tengamos para escuchar con atención, observar con sensibilidad y abrir el corazón al otro.
Cada interacción dejó una enseñanza. Aprendimos que muchas veces las barreras más difíciles no son físicas, sino sociales y culturales. También entendimos que la inclusión comienza cuando dejamos de ver las diferencias como obstáculos y empezamos a reconocerlas como oportunidades para enriquecer nuestra comunidad.
Uno de los aspectos más valiosos de este RYLA fue ver cómo jóvenes de distintos clubes, organizaciones y contextos se unieron con un mismo propósito: construir una sociedad más humana y accesible. La participación de Rotary, Rotaract, Interact y organizaciones aliadas hizo posible un espacio donde el liderazgo juvenil se vivió desde el respeto, la solidaridad y el deseo genuino de generar impacto.
Este programa también nos recordó el verdadero sentido del servicio. Servir no es únicamente realizar proyectos o actividades; servir significa crear oportunidades para que otras personas se sientan escuchadas, valoradas e incluidas. Significa utilizar nuestras capacidades para reducir desigualdades y aportar al bienestar colectivo. En Rotary solemos hablar del poder de transformar vidas a través de nuestras acciones. Sin embargo, experiencias como Rotary en Señas nos enseñan que esa transformación también ocurre dentro de nosotros mismos. Después de escuchar historias, compartir aprendizajes y vivir esta experiencia desde la cercanía humana, muchos de nosotros salimos con una nueva perspectiva sobre la comunicación, la empatía y la convivencia.
Hoy entendemos que la inclusión no puede quedarse únicamente en las palabras. Debe reflejarse en nuestras acciones diarias, en los espacios que construimos y en la manera en que decidimos relacionarnos con quienes piensan, sienten o se comunican de forma diferente.
Si todas las organizaciones y comunidades impulsaran el deseo humano de servir a los demás desde la empatía, probablemente viviríamos en una sociedad más justa, fraterna y consciente. Una sociedad donde la diversidad no genere distancia, sino unión.
El RYLA Rotary en Señas dejó nuevos aprendizajes, amistades y la motivación de seguir trabajando para eliminar las brechas que aún existen entre la comunidad sorda y oyente. Pero, sobre todo, nos dejó la certeza de que cuando existe voluntad de comprender al otro, cualquier barrera puede superarse.
Porque al final, la verdadera comunicación nace cuando aprendemos a escuchar con el corazón.