DE LA SILLA A LA ACCIÓN: ¿PARA QUÉ VENIMOS A ROTARY?

Por: PGD Jaime Humberto Solano Ruíz

 

Cada vez que nos reunimos, ya sea frente a una pantalla o en un salón de reuniones, llegamos con la libreta llena de expectativas. Sin embargo, hay una realidad incómoda que debemos enfrentar como rotarios: Somos expertos en escuchar, pero analfabetos en aplicar.

¿De qué sirve el tiempo invertido si, al apagar la computadora o salir del sitio de reunión, volvemos a las mismas prácticas de hace unos años atrás? ¿Es que acaso los mensajes no tienen valor, o es que nuestra voluntad se queda en el aplauso? Aceptamos que el cambio es beneficioso, pero seguimos aferrados a modelos oxidados que ya no responden a lo que el mundo —y nuestras comunidades— necesitan de nosotros hoy.

La capacitación sin ejecución es solo entretenimiento.

Para que Rotary deje de ser un club de oyentes y se convierta en una fuerza de desarrollo, necesitamos pasar el conocimiento por el filtro de la acción tangible. No basta con decir “qué buena idea”; hay que preguntarse con honestidad:

• ¿Qué pasa en mi club si hoy mismo rompo el molde y aplico esto?

• ¿Estoy dispuesto a sacrificar mi comodidad por el beneficio de mis amigos rotarios?

• ¿Qué pasos concretos y medibles, voy a dar mañana para que esto no sea otra página olvidada en mi cuaderno?

• ¿Qué compromisos me implica hacer este cambio para lograr un mayor impacto en las comunidades?

El cambio no debe entenderse como un suceso aislado o un momento de inspiración pasajera; la verdadera transformación rotaria nace de la repetición consciente y la disciplina diaria, convirtiendo cada aprendizaje en un hábito inquebrantable que define nuestra forma de valorar a mis compañeros de club y de servir a una comunidad. Una vez que te atrevas a dar el primer paso, detente, reflexiona y ajusta. Solo con la serenidad de los resultados podremos decir que realmente aprendimos algo.

Recuerda: lo que no se practica, se olvida; y lo que se olvida, deja de existir. No permitas que tu compromiso rotario se desvanezca por falta de uso. ¡ÁNIMO!

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