Por: Mariana Hoyos Vera, Presidenta
del Club Interact Fusagasugá
La primera vez que escuché sobre Interact tenía trece años. Era una niña bastante tímida y callada, pero que soñaba en grande. Aspiraba a crecer, a soltarme y a encontrar mi propia voz. Cuando me explicaron de manera superficial de qué se trataba el club, usaron una frase corta: “Es un club de servicio”. Bastaron esas palabras para intrigarme profundamente. Comencé a investigar y a sumergirme en el gigantesco universo de Rotary. Asistí a una reunión en la primera oportunidad que tuve y, desde ese momento, me aseguré de participar en cada actividad organizada. A pesar de mi poca experiencia, el grupo vio mi entusiasmo y mi total disposición, por lo que me asignaron la vicepresidencia. Entré a un club con una cantidad reducida de socios. Fue un reto enorme y nada fácil de asumir. Sin embargo, como toda situación en la vida es un método de aprendizaje, allí aprendí lo más valioso: a motivar a otras personas a participar y a animarse a intentar cosas nuevas para transformar nuestra comunidad. Desde que me integré a Interact, he organizado y participado en distintos proyectos que me han dejado innumerables enseñanzas. Cada uno de ellos me recuerda que una decisión tan simple como unirse a un club puede cambiarte la vida para siempre. Y hoy miro la palabra “servicio” con otros ojos, aunque es nuestra columna, Interact no se puede definir solo así. Aquí he consolidado algunas de mis mejores amistades, he conocido a personas increíbles que me han guiado y he podido formarme como una líder dispuesta. Por supuesto, es imposible ignorar que los mejores momentos los he vivido sirviendo, actividades que me han permitido fortalecer mi empatía, ampliar mi conciencia social y, especialmente, trabajar en equipo para demostrar que los jóvenes sí podemos generar un cambio verdadero. Cuando eres nuevo en este mundo, puede ser muy intimidante escuchar sobre la planeación y los protocolos. Sin embargo, solo hace falta involucrarse y mostrar interés para aprender que cualquier proyecto en mente se puede volver realidad.
Durante el año rotario 2025-2026, asumí con orgullo la presidencia del Club Interact Fusagasugá. Ha sido un periodo de labor social y ambiental donde demostramos el poder de la acción colectiva. Nuestra huella verde quedó plasmada en la reforestación de dos predios en las veredas Santa Lucía de Fusagasugá y La Virginia de Pasca, así como en un colegio rural de Arbeláez. En total, sembramos 640 plántulas nativas donadas por Vía Sumapaz y la CAR, contribuyendo directamente a la conservación de la biodiversidad de nuestra región. Como acción de concientización, realizamos el “Pinta Interact”, un mural donde retratamos especies en lista roja como el frailejón Espeletia, el oso andino y el pato de los Andes, Recordándoles a todos la urgencia de proteger la flora y fauna del Sumapaz. El servicio también nos llevó a abrazar realidades difíciles. Con nuestra “Chocolatada”, compartimos pan y chocolate caliente con las personas más necesitadas; pero más allá del alimento, les ofrecimos un espacio de escucha y convivencia, demostrándoles que su realidad nos importa. Ese mismo amor guió el proyecto “El jardín de los años”, una iniciativa que llevó esparcimiento, música y cariño a los abuelitos de diferentes hogares de adulto mayor para combatir su soledad. Pensando en la salud mental, creamos “Latidos serenos”, una actividad de bienestar que logró que los participantes conectaran consigo mismos en una búsqueda de tranquilidad propia. Además, ganamos con orgullo la subvención distrital de Interact para donar un congelador a la Institución Educativa Kirpalamar de Arbeláez. Antes de esto, debido a las altas temperaturas, los refrigerios de los 615 alumnos se dañaban con facilidad. Hoy, gracias a este equipo, los estudiantes cuentan con alimentos frescos y aptos para su nutrición. Tuvimos participación en los Interact Awards 2025, donde mostramos al mundo cómo nuestro club ayuda a construir la paz.
La empatía nos llevó también a recibir una clase de lenguaje de señas. Allí comprendimos las barreras que viven las personas con discapacidad auditiva y del habla, recordándonos que debemos luchar por la equidad. En abril, celebramos el Día del Niño, transformando la jornada de pequeños vulnerables en un día lleno de juegos y sonrisas. Nuestras acciones tocaron incluso a los seres más indefensos a través de nuestro proyecto bandera, “Colitas felices”. Llevamos donaciones económicas, alimento y medicamentos a la fundación ProcanUSA, que alberga a más de 300 perritos y 50 gatos. No nos limitamos a entregar la ayuda: nos pusimos las botas, los bañamos y les dimos el amor que tanto merecen. Finalmente, coronamos este ciclo con nuestro proyecto más reciente y ambicioso: la Primera Cumbre Juvenil de Liderazgo de Fusagasugá. Con el apoyo del Club Rotario de Fusagasugá, la Policía Nacional y las secretarías de Gestión Social y Educación, logramos convocar a casi 400 estudiantes de décimo y undécimo grado de más de doce colegios, incluyendo a personeros estudiantiles de instituciones estatales. Fue una jornada inolvidable. Tuvimos conferencias de líderes de la CAR y de una concejala, quien nos inspiró al mostrarnos cómo la juventud puede generar un impacto político y social real a través del diálogo y la creación de normativas propias. Las dinámicas y talleres de ese día fortalecieron nuestra perspectiva y encendieron en cada joven la capacidad de idear soluciones para los problemas ambientales y sociales de nuestro entorno.
Cuando miro atrás estoy segura que Interact no solo me dio la oportunidad de cambiar mi comunidad, me dio la oportunidad de cambiarme a mí misma. Hoy sé que el liderazgo es una decisión diaria de servir, y que la juventud es el presente en acción.