Por: Isabela Santacruz Rios De intercambio en Brasil 2025-2026
De pequeñas, mis amigas y yo solíamos hablar de lo increíble que sería hacer un intercambio, de vivir en otro país y hablar otro idioma. Por mucho tiempo, la idea era solo un juego de niñas. Se había quedado en el aire, sin materializarse. Sin embargo, después de tanto desearlo, se ha vuelto realidad. Soy Isabela Santacruz Rios, de Bogotá, Colombia, y estoy viviendo mi año de intercambio en Toledo, Brasil, en el distrito rotario 4640.
Mudarme de país y hablar portugués ha sido una experiencia revolucionaria y llena de crecimiento personal. No obstante, la distancia no ha sido fácil de afrontar. A pesar de que ya superé 6 meses fuera de Colombia, el concepto de “extrañar” sigue estando presente. Desde cosas tan pequeñas como probar un yogurt y percibir que tiene el mismo sabor que el yogo yogo de fresa que siempre hay en mi casa, hasta necesitar un abrazo de esas personas especiales. Este intercambio me ha enseñado que la añoranza de regresar y el entusiasmo de seguir explorando el mundo pueden coexistir y habitar en uno al mismo tiempo. Se podría pensar que son sentimientos contradictorios, pero yo decido verlo como sentimientos complementarios.
Qué privilegiada soy de tener la libertad de salir y enfrentarme a un mundo desconocido, con la plena seguridad de que puedo regresar a mi espacio seguro donde sé que me recibirán con los brazos abiertos y donde puedo encontrar refugio. Así he aprendido que se puede tener el corazón en dos lugares, y llamarlos a los dos mi hogar. Esta familiaridad con mi entorno y la cultura brasileña no aparece repentinamente, sino que la he construido con mucho esfuerzo y apoyo de personas maravillosas como Walmir, Jaqueline, Mavi, Lola, Marcos, Lu, Lorena, Ana y muchas más que he conocido a través de Rotary y mi club anfitrión, Toledo Pioneiro. Ellos han decidido ofrecerme bondad y cariño, y me han ayudado a acoplarme y a sentirme como en casa.
Han puesto también de su esfuerzo para entenderme cuando mi conjugación falla, cuando mi pronunciación es deficiente e incluso intentan adivinar mis mímicas cuando desconozco el término en portugués. Se han interesado en conocerme a mí y a mi cultura, empatizando con mis costumbres y mi personalidad. Además, conocí a Aliza, una intercambista mexicana, con la cual he compartido muchas aventuras en Brasil. Nuestra amistad llegó inesperadamente, pero me ha hecho sentir comprendida cuando no hay nadie más que entienda completamente lo que estoy viviendo.
Todos me han enseñado que la familia no solamente es aquella que comparte lazos de sangre, sino donde se comparten lazos de cariño. Ahora sé que este lugar es un refugio más, donde puedo regresar a los brazos y la calidez de mi nueva familia. El idioma portugués tiene una palabra imposible de traducir: Saudade. La Real Academia Española la define como “Soledad, nostalgia, añoranza.”, pero en realidad es mucho más que eso. La saudade es un sentimiento de tristeza y cariño por una persona, cosa y/o momento que no está con nosotros pero que sigue evocando felicidad en nuestros recuerdos. La saudade reúne esa nostalgia que acompañan las memorias y las personas, con la añoranza de tenerlas de nuevo. Alguna vez escuché decir que “es la presencia de la ausencia que se siente en el corazón”. La saudade me está acompañando ahora y lo lleva haciendo desde el primer día que llegué, al sentir falta de mis papás, de mis amigos, de mi ciudad y de mi vida ‘normal’. Y con seguridad me seguirá acompañando cuando regrese a Colombia y probablemente el resto de mi vida, al rememorar lo que construí aquí, las experiencias maravillosas que tuve, las personas increíbles que conocí y la versión de mí misma que fui durante el intercambio.
Dentro del millón de aprendizajes que he tenido en este periodo, puedo decir que uno de los más significativos ha sido volverme de mente abierta ante las posibilidades y el mundo. A no titubear frente a la incertidumbre, porque el miedo es lo que se siente antes de ser valiente. Me siento orgullosa de mí por haberme creado otro lugar en el mundo, por superar mis propios obstáculos y por desafiar mis capacidades.
Agradezco a mi red de apoyo: mis papás Jorge y Olga, mi familia y mis amigos, y a mi club patrocinador Bogotá Capital por hacer posible mi intercambio. Gracias por tener un corazón grande y ayudarme a cumplir un sueño.