Por; Inbound Lasse Pelz procedente del Distrito 1870 de Alemania recibido por el Club Rotario Socorro Huella Comunera 24-25
Fue un día normal cuando yo estaba en Alemania comprando lo que me hacía falta para mi año de intercambio. Llevaba puesto el buso de “Rotary Germany”, y me di cuenta de que se estaba acercando un señor de más o menos 40 años. Llega y me pregunta: “¿Tú ya has realizado tu año de intercambio con Rotary?” Le respondí que no, que faltaban solo dos semanas para mi llegada a Colombia. Me dijo: “Qué suerte Penes. Yo, cuando era joven, me fui un año a México y hasta hoy ese año ha sido el mejor de mi vida.”
Me llamo Lasse, tengo 16 años y soy alemán. Mi sueño desde pequeño siempre ha sido hacer un año de intercambio a los 16 años. Y estaba seguro de que iba a hacerlo en los Estados Unidos. Entonces, cuando me dijeron que me enviarían a Colombia, no iba a aceptar. Pensándolo bien, me di cuenta de que, aunque no fue lo que estaba esperando, una experiencia así era única. Entonces acepté y me alisté para mi año en un país que apenas conocía.
Cuando llegué en agosto del 2024, mi primera familia me recibió en el aeropuerto de Bucaramanga con un fuerte abrazo. Yo era feliz de haber llegado a mi nuevo país por el siguiente año, pero en ese momento no entendía ni la pregunta “¿Estás cansado?”. Google Traductor nos ayudó, pero de una vez comprendí la importancia de aprender el español.
Al otro día nos fuimos para el Socorro, un pueblo muy lindo a 3 horas de Bucaramanga, de unos 30.000 habitantes: mi hogar y el de Ambre, una francesa, y Mya, una canadiense, durante el año de intercambio. Y cuando llegué al colegio, los compañeros de mi salón ya me estaban esperando. Me recibieron de una manera que no conocía en Alemania y, en un solo día, me permiPeron hacer muchos amigos. En la noche nos invitaron a cenar y, al día siguiente, fuimos a Barichara, otro pueblo maravilloso. Ese día no sabía que iba a encontrar amigos para siempre. La semana siguiente, nuestro club rotario nos invitó a un almuerzo de bienvenida. Conocimos a algunas de las personas que nos permiPeron realizar este intercambio. Con ellos íbamos a hacer muchas actividades sociales, entre ellas la donación de pupitres, la celebración de las novenas y la recolección de pañales.
En septiembre tuvimos nuestro primeviaje: el Introcamp de todos los intercambistas del distrito 4271 en Chinácota. Allá conocí a los demás que estaban viviendo la misma experiencia. Con María y Jeisson hablamos de nuestro año y del programa rotario.
Luego, en octubre, la familia anfitriona de Ambre me invitó a viajar con ellos a México. Allá pasamos el Día de los Muertos – una experiencia maravillosa. Después fuimos unos días a los Estados Unidos y a la República Dominicana – ¡en total un viaje espectacular!
En noviembre tuvimos nuestro viaje a San Andrés con los intercambistas – lo pasamos buenísimo y estábamos muy contentos, ya conociendo el famoso mar de los siete colores.
Una semana después, la familia anfitriona de Ambre me invitó a viajar a la costa. Juntos fuimos por Cartagena hasta Barranquilla, dos ciudades muy lindas de Colombia.
De ahí me encontré con mis amigos alemanes en Medellín, donde pasamos los primeros días de diciembre juntos – ¡Medellín también nos encantó!
Por las reglas de Rotary cambiamos nuestras familias anfitrionas en diciembre en el Socorro. Yo roté a la familia con la que ya había viajado. Mi nueva familia consiste en una hermana con la que comparto mucho, una mamá que me trata de la mejor manera y un papá que me ha enseñado muchísimo. Juntos hemos celebrado la Navidad colombiana; otra experiencia única. No había vivido ni un mes con mi nueva familia cuando me invitaron a un crucero por la República Dominicana, algo que no había hecho en mi vida. Me gustó mucho y me senga, y me siento, muy feliz con mi familia.
En febrero fuimos otra vez a la costa: ¡para los carnavales de Barranquilla! En mi ciudad en Alemania también se celebra el carnaval, pero vivirlo en Barranquilla es – como decimos en Santander – ¡una vaina espectacular!
Luego, en abril, hicimos nuestro segundo viaje con Rotary: al Amazonas. La verdad es que antes de mi año de intercambio pensaba que toda Colombia fuera así. Aunque no es cierto, el Amazonas fue muy chévere y lindo. En cuatro días tuvimos la oportunidad de conocer muchas comunidades y una vida muy diferente.
Ahora en junio van a venir mis papás y juntos vamos a conocer muchas partes de Colombia. De despedida, mi familia anfitriona me va a llevar a Mompox, y de allá me voy para Alemania.
Estoy extremadamente agradecido por esta oportunidad y por tener nuevos amigos y otra familia para toda la vida – eso sí es único.