Por: Yedy Alejandrea Solís Montaño - Socio Club Rotario de Ibagué
… Y el lunes 18 de agosto llegó Filippa Kamp, una danesa de 16 años un poco tímida y curiosa. Alcanzaron a compartir con mi hija Marianne Sophia una semana, riendo, charlando con traductor y empezando a romper el hielo entre dos culturas tan diferentes. Para el fin de semana del 25 de agosto, viajamos a Bogotá para despedir a Sophy quien viajó rumbo a Francia como intercambista. Abrazos en el aeropuerto, lágrimas contenidas y promesas de fotos diarias de croissants y la Torre Eiffel (¡promesa que ha cumplido al pie de la letra!).
Mientras tanto, mi Sophy allá en Francia ha florecido de una forma increíble. Cumplió su mayoría de edad en enero, celebrándolos con una torta francesa, sus tres familias anfitrionas y algunos socios del Club Rotario de Colombes. Se volvió mayor de edad en tierras galas, sacó su cédula colombiana desde el otro lado del Atlántico y habla francés como parisina nata (mamá orgullosa y exagerada). Cada foto que me manda —de la Torre Eiffel, de sus paseos por París— me recuerda que soltarla fue la mejor decisión. Ella crece, y yo también, aprendiendo a ser mamá a distancia.” Verla tan independiente, tan madura, feliz y llena de vida hace que valga cada lágrima de esa despedida y me llena de orgullo.
Lo que más me enternece es su felicidad con la nieve: finalizando noviembre vió nieve por primera vez en su vida y, emocionadísima, salió en pijama a medianoche a disfrutarla bajo las luces de la calle modo niña chiquita. La familia le dijo ‘éntrate Sophy que va a seguir nevando los próximos días’, pero ¡no! La siguiente nevada llegó justo el 7 de enero, como un regalo perfecto de cumpleaños. Disfrutó cada copo, cada momento: mi niña viviendo su sueño nevado. Filippa llegó sin saber español. Habla danés nativo, inglés y algo de alemán; nosotros en casa, cero inglés. Al principio, caos con Google Translate: frases raras que nos hacían estallar en risas. Gestos, señas y dibujitos... Con paciencia infinita, se fue soltando y ahora habla español con un acento nórdico-colombiano que encanta a todos. ¡Y le encantan las chivas rumberas programadas por Interact y el colegio! No se pierde una: baila, canta y se mueve como latina, jajajaja. Las diferencias entre Dinamarca y Colombia fueron tema de charlas eternas. Allá inviernos fríos, oscuros y con nieve; aquí sol todo el año y lluvias tropicales que refrescan. Filippa ama el calor, tanto así que usa la chaqueta de la Prom26 todo el día en el colegio, ¡jajajaja!
En Dinamarca, smørrebrød saludable pan de centeno con mucho pescado y verdura; aquí, explosión de sabores con lechona, tamales, arepas con queso, arepa´e huevo, empanada, buñuelos y avena. La anécdota más divertida: cuando pasamos por la panadería La Gogo hablamos de lo mucho que le gustó el mojicón, ese pan dulce esponjoso y azucarado. Filippa, con su español en pañales, lo confundió con una palabra parecida pero grosera (¡esa que rima con mojicón!). Se puso roja como tomate y no parábamos de reír. “¡No, Filippa, es un pan rico, no una grosería!”, le expliqué entre carcajadas. Desde entonces, cada mojicón es motivo de risas compartidas. Llegó diciembre: salimos a encender faroles y velitas en el andén de la casa para honrar a la Virgen y dar inicio a las fiestas. Filippa asombrada con las calles llenas de colores, las familias reunidas rezando novenas, cantando villancicos, comiendo natilla y buñuelos alrededor de las velas y el pesebre. Luego, en Nochebuena, comimos lechona y postres típicos; abrimos regalos bajo el árbol. Filippa se unió a todo: cantó con ganas y hasta pidió deseos con cada vela. Ella, que en Dinamarca celebra Navidad más tranquila y con menos ruido, la pasó increíble. El fin de año fue igual, en familia y la cena fue deliciosa.
Y hablando de sueños que se cumplen y conexiones que marcan la vida… ¡el intercambio no para! Ahora soy familia anfitriona de Edoardo, un italiano de 17 años que se autodenomina “chico del mar”. Ama la naturaleza, tiene energía para correr una maratón y un acento cantadito que te hace sonreír desde el primer “ciao”. Su plato favorito es el tamal. Estamos apenas empezando esta aventura juntos y de seguro vamos a tener anécdotas épicas.
RYE no solo te lleva a otros países… también te trae el mundo a tu propia casa. He aprendido que, pese a barreras idiomáticas o culturales, el corazón habla el mismo idioma en todo el mundo. ¡Si puedes, abre tu puerta a un intercambio! Es una aventura que te transforma.
Desde Ibagué, con amor, un mojicón en la mano, un tamal en la otra y el corazón abierto al mundo.