ROTARY Y MI CAMINO DE TRANSFORMACIÓN

Por: Juan Felipe Unigarro Ramírez

 

Rotex que realizó su intercambio en Bélgica 2016-2017

Mi historia en Rotary comenzó cuando tenía 12 años, momento en el que ingresé a Interact. Era un joven que simplemente decidió participar, sin tener muy claro qué significaba pertenecer a esta organización ni dimensionar el alcance de ese paso. Lo que empezó como una decisión inocente fue, en realidad, el punto de partida de un camino que redefiniría mi proyecto de vida y mi forma de ver el mundo.

Años después, mi familia y Rotary me brindan una oportunidad decisiva en mi vida: ser estudiante del Programa de Intercambio de Jóvenes en Bélgica. Llegar a un país lejano y desconocido me hizo enfrentar enormes retos a nivel personal.

Despedirme de mi familia en Colombia fue quizá uno de los momentos más difíciles de mi intercambio, pues subirme a un avión y enfrentar la incertidumbre lejos de quienes siempre han estado a mi lado me obligó a enfrentar retos personales como aprender a gestionar la soledad estando lejos de casa, la adaptación a otra cultura, comunicarme en otro idioma y la comprensión de nuevas dinámicas sociales. Sin embargo, en medio de esa vulnerabilidad descubrí algo más fuerte que el temor: la acogida. Mi familia y club anfitriones me abrieron las puertas de su hogar y de su comunidad por el simple hecho de pertenecer a Rotary, confiando en mí, incluso antes de conocerme. Así comprendí que el intercambio no se limita a la experiencia académica, sino que es, ante todo, un proceso de convivencia y formación humana, donde la amistad, la confianza y el apoyo mutuo permiten crecer y superar cualquier desafío lejos de casa.

Ser beneficiario del programa de Rotary Youth Exchange tiene un valor incomparable porque no se trata de un intercambio comercial, sino de una experiencia acompañada por una red global sólida y comprometida. Familias anfitrionas, consejeros y clubes rotarios crean un entorno seguro, respaldado por normas claras, procesos definidos y una estructura organizativa que garantiza el bienestar de los intercambistas. La disciplina del programa, el seguimiento constante y el acompañamiento permanente no solo brindan tranquilidad a nuestras familias, sino que nos permiten crecer con responsabilidad, madurez y sentido de compromiso.

Un elemento esencial que descubrí fue que el programa de intercambios no transforma únicamente al outbound, sino también a los hogares que deciden abrir sus puertas. 

En el caso de mi familia, vivir la experiencia de recibir estudiantes inbounds en casa fue profundamente enriquecedor. Cada intercambista que llegó a nuestro entorno, no solo compartió tiempo con nosotros, sino que construyó vínculos reales, afectos sinceros y relaciones que trascendieron el año de intercambio. Más que unos simples turistas, se integraron a nuestra familia y nos permitieron experimentar la cercanía que nace cuando se construyen lazos auténticos. Gracias a ello, hoy mi familia y yo podemos decir con convicción que tenemos hogares en diferentes partes del mundo; casas que sabemos tienen sus puertas abiertas para nosotros, así como las puertas de nuestro hogar en Colombia siempre estarán abiertas para ellos.

Al regresar a Colombia, lo hice con una visión más amplia del mundo y un compromiso aún más firme con Rotary. Continué mi camino en Rotaract, donde vivo el servicio de manera más estructurada, liderando proyectos y trabajando con comunidades, confirmando que la internacionalización no está desligada del servicio local, sino que lo fortalece y le da mayor sentido. Este proceso impactó profundamente mi proyecto de vida: me enseñó a ver el mundo con una perspectiva más humana, consciente de nuestra interconexión global, y a entender que la amistad es una herramienta poderosa de transformación, pues internacionalizar no es solo viajar, sino aprender a convivir con respeto y propósito.

Hoy, como miembro de Rotex del distrito 4281, acompaño a estudiantes inbounds y outbounds desde la experiencia propia, comprendiendo sus retos y aprendizajes. Desde este rol, trabajo para fortalecer el programa en nuestro distrito, convencido de que cada intercambio es una apuesta por el liderazgo, la paz y el entendimiento intercultural. Contribuir a su crecimiento es, para mí, una manera de devolver una parte de todo lo que el programa sembró en mi vida. Mi recorrido (Interact, RYE, Rotaract y Rotex) no son etapas aisladas, sino un mismo proceso de crecimiento. No fue solo el Programa de Intercambio el que transformó mi vida, sino todo mi camino dentro del rotarismo, que me enseñó a servir para transformar y unir al mundo.

Hoy puedo decir, con profunda gratitud, que el Programa de Intercambio de Jóvenes y Rotary en su conjunto transforman vidas. La mía es testimonio de ello.

PARTICIPE Y COMENTE ESTA PUBLICACIÓN