ESCUCHAR PARA SERVIR: APRENDIZAJES DESDE UNA BRIGADA EN EN MUNICIPIO  DE LA UNIÓN

Por: Rubén Velandia, Presidente Club
Rotaract Medellín – El Poblado.

 


Apenas comenzaba la jornada cuando una escena lo dijo todo. En medio de una consulta pediátrica, un niño de cinco años, con total naturalidad, habló de su hermanito “que aún estaba en la barriga de su mamá”. Minutos después, su madre confesó que no había tenido ningún control médico. No por descuido, sino porque, como ocurre tantas veces en contextos rurales, la consulta en salud no siempre es una opción real. “Así empezó a revelarse el sentido profundo de nuestra Brigada Rotaract Integral de Atención en Salud (BRISA) en la vereda San Juan, municipio de La Unión”.

Ubicada a tan solo 20 minutos del casco urbano, esta comunidad rural de 1.200 habitantes ha construido resiliencia sobre una historia difícil. Como lo relata su líder comunitaria, San Juan fue profundamente afectada por la violencia y el desplazamiento forzado. Solo hasta 2014, gracias al trabajo arduo de sus habitantes, inició un proceso de reconstrucción que hoy la posiciona como una de las veredas más organizadas del municipio. Sin embargo, esa organización no ha sido suficiente para garantizar acceso efectivo a servicios de salud. Antes de esta jornada, nunca se habían realizado intervenciones medicas en la comunidad, y las necesidades eran claras: atención en salud visual y, de manera silenciosa pero urgente, salud mental.

La brigada, liderada por el Club Rotaract Medellín – El Poblado, con el apoyo de los clubes Rotary Medellín – El Poblado y Medellín – Nutibara, la Fundación Chocolisto y la Fundación Óyeme, logró realizar 343 atenciones. Se ofrecieron servicios de pediatría (68 niños), nutrición (68 niños), neurodesarrollo (25 niños), tamizaje visual (72 niños y 9 adultos), tamizaje auditivo (25 niños), odontología (46 niños y 5 adultos), psicología (12 niños) y medicina general (13 adultos), gracias al trabajo de 18 profesionales en salud y más de 20 voluntarios que asumieron labores logísticas. Pero más allá de los números, cada atención representó una oportunidad de identificar lo que muchas veces pasa desapercibido.
Uno de los hallazgos más relevantes fue la detección de múltiples casos con alteraciones en el neurodesarrollo en población infantil, así como situaciones críticas en salud mental. Entre ellas, el caso de una niña que, durante la consulta, reveló antecedentes de intentos de suicidio y persistencia de ideación suicida, una realidad que probablemente habría permanecido invisible sin este tipo de intervenciones. Esto pone en evidencia una situación compleja: en muchas comunidades, los problemas de salud mental no solo están presentes, sino que se normalizan, se vuelven parte del entorno cotidiano y dejan de percibirse como asuntos que requieren atención. Por eso, la inclusión de servicios como psicología y neurodesarrollo no solo es pertinente, sino fundamental para reconocer dimensiones de la salud que históricamente han sido ignoradas.

La jornada también dejó historias que reflejan el impacto del servicio. Una adulta mayor acudió a valoración visual y se identificó que necesitaba gafas; aunque el programa disponible cubría únicamente población infantil, el Club Rotary Medellín – El Poblado(nuestro padrino) asumió el compromiso de gestionar su acceso a lentes, recordándonos que el servicio no termina cuando finaliza la jornada. Asimismo, para los casos detectados de retraso en el desarrollo nuestro Club Rotaract los remitió a Pediatría Social de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia. Para el Club Rotaract Medellín – El Poblado, esta brigada también representó un reto importante en términos logísticos, especialmente en la gestión del transporte, superado gracias al apoyo del Club padrino, y dejó aprendizajes clave para futuras intervenciones.

A pesar del impacto logrado, las necesidades en salud de la comunidad persisten. La brigada permitió visibilizarlas, pero su solución requiere la intervención sostenida de las entidades responsables. Desde Rotaract, el compromiso es continuar llevando este modelo a otras comunidades bajo la insignia BRISA, entendiendo que el acceso a la salud sigue siendo una deuda en muchos territorios. Porque si algo dejó esta experiencia es una certeza difícil de ignorar: las comunidades vuelven sus problemas de salud física y mental parte del paisaje cuando no hay intervenciones que permitan educarlas sobre su propia salud.

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