SEMBRANDO FUTURO, TRANSFORMANDO VIDAS

Por: Santiago Villamil - Club Rotario Bogotá Centenario D4281

 

Cada año rotario nos deja aprendizajes, retos y momentos que nos recuerdan por qué elegimos servir. En Rotaract Bogotá Centenario hemos tenido la oportunidad de vivir experiencias que nos han permitido generar impacto en diferentes comunidades, siempre con la convicción de que los cambios más importantes comienzan cuando nos involucramos, escuchamos y trabajamos en conjunto con las personas.

Durante este año, gran parte de nuestros esfuerzos se han concentrado en nuestra obra bandera, “Raíces que Transforman”, una iniciativa que desarrollamos junto a la Fundación Ana Valentina y que busca fortalecer el desarrollo de niños y adolescentes a través de la educación ambiental, la sostenibilidad y la formación de valores.

Desde el inicio tuvimos un propósito claro: crear espacios donde aprender también significara experimentar, construir y transformar. Queríamos que los niños no solo escucharan conceptos relacionados con el cuidado del medio ambiente, sino que pudieran vivirlos y ponerlos en práctica. Por eso, cada actividad se convirtió en una oportunidad para despertar curiosidad, fortalecer habilidades y sembrar conciencia sobre la importancia de cuidar nuestro entorno. Uno de los momentos más especiales de esta iniciativa fue la creación de una huerta, un espacio pensado para que los participantes aprendieran sobre agricultura sostenible, compostaje, trabajo en equipo y responsabilidad ambiental. Allí comenzamos la adecuación del terreno para el cultivo de papa, una experiencia que contó con el acompañamiento y el conocimiento compartido por la Federación Colombiana de Productores de Papa. Lo que comenzó como la preparación de un terreno pronto se convirtió en mucho más que eso. La huerta pasó a ser un espacio de aprendizaje donde los niños pudieron conocer de cerca el proceso de siembra, comprender el valor de la tierra y descubrir cómo pequeñas acciones pueden generar cambios significativos. Cada semilla sembrada representó una oportunidad para enseñar sobre sostenibilidad, paciencia, compromiso y cuidado del entorno.
Además del componente educativo y ambiental, esta iniciativa busca proyectarse hacia el futuro. Nuestro sueño es que la huerta pueda convertirse en una herramienta de sostenibilidad para la Fundación Ana Valentina, permitiendo que los productos cultivados contribuyan al fortalecimiento de sus proyectos y generen nuevas oportunidades para la comunidad. De esta manera, no solo estamos sembrando alimentos, sino también ideas, conocimientos y posibilidades para el mañana. Sin embargo, nuestro compromiso con el bienestar de niños y adolescentes durante este año no se limitó al componente ambiental. También tuvimos la oportunidad de desarrollar actividades enfocadas en la salud y el bienestar integral de las jóvenes, ampliando así el alcance de nuestro impacto en la sociedad.  En alianza con la Fundación María Madre de los Niños, realizamos una jornada de educación en salud femenina dirigida a niñas y adolescentes. Esta actividad nació de la importancia de brindar información clara, confiable y libre de prejuicios sobre temas que siguen estando rodeados de desinformación y mitos.

Durante la jornada contamos con el apoyo de un profesional de la salud, quien lideró un espacio de aprendizaje donde las participantes pudieron conocer más sobre el ciclo menstrual, la salud femenina y los diferentes productos disponibles para el manejo de la menstruación. Además, se abrió un espacio de conversación en el que las niñas pudieron resolver dudas, compartir inquietudes y derribar creencias erróneas que muchas veces se transmiten de generación en generación.Más allá de la información compartida, lo más valioso fue generar un ambiente de confianza donde las participantes se sintieran cómodas para preguntar, aprender y comprender que la salud femenina debe abordarse con naturalidad, respeto y conocimiento. Como complemento a esta jornada, entregamos kits de bienestar menstrual que incluían productos esenciales para su cuidado personal. Estos kits fueron posibles gracias a las donaciones realizadas por nuestros socios y por personas que decidieron sumarse a esta iniciativa, demostrando que cuando una comunidad se une con un propósito común, puede generar un impacto real en la vida de quienes más lo necesitan.

Al mirar todo lo realizado durante este año rotario, encontramos un elemento en común entre cada una de nuestras actividades: la intención de generar oportunidades de aprendizaje que tengan un impacto duradero, en las comunidades con las que trabajamos.

Hoy nos sentimos orgullosos de todo lo que hemos construido como club, como organización y con las poblaciones que nos han abierto sus puertas. Y estamos convencidos de que estos aprendizajes seguirán creciendo y transformando vidas por mucho más tiempo, luego de que termine este año rotario, permitiendo así, que estos proyectos permanezcan y que cada oportunidad creada hoy se convierta en una posibilidad para el futuro. 

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