MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS LA HISTORIA DE CÓMO ROTARY LLEGÓ A CHAJUL

Por: Martha Elvira Castillo Soto - Socia  fundadora Club Rotario Chajul, Distrito 4250

 

Hay viajes que cambian nuestra agenda. Otros cambian nuestra vida.

Cuando acepté viajar a Chajul, departamento de Quiché, Guatemala, lo hice para asesorar a la Cooperativa de Ahorro y Crédito San Gaspar en el fortalecimiento de sus programas de educación, bienestar social y comunitario. Nunca imaginé que ese viaje se convertiría en uno de los capítulos más significativos de mi vida rotaria.

Desde el primer día, Chajul conquistó mi corazón. Rodeado por las montañas del altiplano guatemalteco y habitado mayoritariamente por el pueblo maya ixil, descubrí una comunidad orgullosa de sus raíces, rica en cultura y espiritualidad, pero también enfrentada a profundas necesidades sociales y económicas, encontré también algo invaluable: personas con liderazgo, esperanza y un inmenso deseo de construir un mejor futuro para su comunidad.

Mientras compartía con líderes locales y asociados a la cooperativa, una pregunta comenzó a acompañarme: ¿qué pasaría si Chajul tuviera un Club Rotario?
Durante diecinueve años tuve el privilegio de pertenecer al Club Rotario Bogotá Centenario y al Distrito 4281, en Colombia. Allí comprendí que Rotary no solo desarrolla proyectos; forma líderes comprometidos en transformar comunidades mediante el servicio.

Con esa convicción empecé en Chajul a compartir qué significa ser rotario. Hablé de una organización presente en todo el mundo, pero, sobre todo, de una comunidad de hombres y mujeres unidos por valores como la amistad, la ética, el liderazgo y el servicio.

Ese sueño encontró un respaldo decisivo en el Distrito 4250 de Guatemala. La gobernadora distrital, Diana Brown, creyó desde el primer momento en la iniciativa y acompañó generosamente cada etapa del proceso. Su liderazgo, cercano, inspirador y decidido, fue determinante para la constitución oficial del Club Rotario Chajul.

Muy pronto comprendí que los grandes sueños nunca se construyen en solitario. Diecisiete hombres y mujeres aceptaron el desafío de convertirse en socios fundadores del Club Rotario Chajul. Ninguno conocía Rotary, pero todos compartían un profundo compromiso con el bienestar de su comunidad. Entendieron que pertenecer a Rotary no significa recibir beneficios personales, sino asumir la responsabilidad de servir.

Cuando nos anunciaron la Carta Constitutiva fue un momento profundamente emotivo. Más que un documento oficial, representó la confirmación de que un sueño compartido había echado raíces. También marcó el inicio de un nuevo desafío: formar líderes rotarios, consolidar un club y responder, con proyectos sostenibles, a las necesidades de la región.

Mi corazón seguía unido al Club Rotario Bogotá Centenario y al D.4281, donde viví diecinueve años de aprendizaje, amistad y servicio. Sin embargo, comprendí que la mejor manera de agradecer todo lo que Rotary me había dado era poner esa experiencia al servicio de quienes apenas iniciaban este camino.

Por eso renuncié a mi club en Colombia con el corazón lleno de gratitud, para vincularme como socia fundadora del nuevo Club. No fue una despedida. Fue la continuación de la misma misión, ahora desde otro país.

En Chajul conviven el español y el idioma maya ixil; las tradiciones y la cultura tienen una identidad única. Allí confirmé una verdad que nunca olvidaré: el lenguaje del servicio no necesita traducción. Una mano extendida, una jornada de capacitación, una conversación sincera o una comunidad unida para ayudar a otra se comprenden en cualquier idioma.

Hoy sé que Rotary me permitió cruzar mucho más que una frontera geográfica. Me enseñó que el servicio auténtico no reconoce nacionalidades, distancias ni diferencias culturales. Donde existe una comunidad con necesidades y personas dispuestas a servir, siempre habrá espacio para Rotary.

El nacimiento del Club Rotario Chajul representa la esperanza de una región que merece más oportunidades y demuestra que los sueños compartidos pueden hacerse realidad cuando muchas manos trabajan con un mismo propósito.

Hoy puedo decir, con profunda gratitud, que llegué a Guatemala llevando una invitación a servir y encontré una comunidad dispuesta a convertir ese ideal en acción. Porque, al final, las fronteras existen en los mapas; el servicio, en cambio, no tiene fronteras.

El lema de Rotary, “Dar de Sí Antes de Pensar en Sí”, dejó de ser para mí una frase inspiradora para convertirse en una forma de vivir. Y hoy, con inmenso orgullo, puedo afirmar que en las montañas de Chajul también late un corazón rotario, dispuesto a “Generar un impacto duradero”.

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