Por: Paola Fernanda Forero González
Socio Activo del Club Rotario Santa Fe de Bogotá
El liderazgo juvenil no consiste únicamente en dirigir equipos o hablar en público; también implica la capacidad de comprender realidades que suelen pasar desapercibidas y transformarlas en oportunidades concretas de cambio. Bajo esta premisa, el RYLA, realizado el 23 de junio en Bogotá, se convirtió en un espacio de encuentro, aprendizaje e inclusión.
En esta edición, el programa tuvo un enfoque especial en el impacto social hacia las comunidades con discapacidad auditiva, estableciendo un vínculo directo con jóvenes de la Fundación PONES, ubicada en la localidad de San Cristóbal, Bogotá. A través de esta iniciativa, también se generó un impacto indirecto en la población sorda de la ciudad. Este enfoque permitió que el liderazgo se viviera no solo como un aprendizaje individual, sino como una herramienta de transformación colectiva.
Un contexto que exige inclusión: En Bogotá, según estimaciones del DANE basadas en el Censo Nacional de Población y Vivienda de 2018, cerca del 7,1 % de la población presenta algún tipo de discapacidad, lo que equivale a más de 500.000 personas. Dentro de este grupo, la discapacidad auditiva representa una proporción significativa de ciudadanos que enfrentan barreras en el acceso a la educación, el empleo y la comunicación cotidiana. Estas cifras evidencian la necesidad de generar espacios de inclusión reales y sostenibles. Un encuentro para romper barreras El RYLA fue mucho más que una jornada de formación, fue un escenario donde la inclusión se convirtió en acción. Durante las actividades, los jóvenes de la Fundación PONES participaron en dinámicas de liderazgo, comunicación y trabajo en equipo diseñadas para fortalecer habilidades personales y colectivas.
Uno de los aspectos más valiosos fue la interacción entre jóvenes oyentes y jóvenes sordos. Este intercambio permitió derribar prejuicios y comprender que la comunicación también es empatía, observación y el aprendizaje de nuevas formas de expresión, como la Lengua de Señas Colombiana (LSC), reconocida oficialmente como patrimonio cultural y lingüístico de Colombia.
Impacto directo: autoestima y participación. Para los jóvenes de la Fundación PONES, el impacto fue inmediato. El RYLA se convirtió en un espacio seguro donde pudieron expresarse sin barreras, compartir ideas y ser escuchados en igualdad de condiciones. Experiencias como esta fortalecen la autoestima, la confianza y el sentido de pertenencia, especialmente en poblaciones que históricamente han enfrentado procesos de exclusión.
Además, el acompañamiento de intérpretes profesionales facilitó el trabajo colaborativo y permitió que todos los participantes aportaran desde sus capacidades, demostrando que la diversidad no limita los procesos colectivos, sino que los enriquece.
Impacto indirecto: una nueva generación de líderes inclusivos.
El alcance del RYLA no termina al finalizar la jornada. De manera indirecta, este tipo de experiencias contribuye a formar una generación de jóvenes más consciente de la importancia de la inclusión social. Cada participante puede convertirse en un agente de cambio dentro de su familia, colegio, universidad, lugar de trabajo, barrio o comunidad.
Esto resulta especialmente relevante si se considera que, según el Ministerio de Salud de Colombia, las principales barreras que enfrentan las personas con discapacidad no son únicamente físicas, sino también sociales y actitudinales. Transformar estas percepciones desde la juventud es fundamental para construir una sociedad más accesible y equitativa.
San Cristóbal: un territorio de transformación. La localidad de San Cristóbal es un territorio diverso que enfrenta importantes desafíos sociales, pero que también se caracteriza por una sólida organización comunitaria. La presencia de la Fundación PONES en esta zona permite que iniciativas como el RYLA generen un impacto cercano y continuo, conectando la formación juvenil con las realidades del territorio.
Liderar también es incluir: El RYLA demuestra que liderar no es únicamente dirigir, sino también servir. En esta experiencia, el liderazgo se expresó a través de la inclusión, la empatía y el reconocimiento de la diversidad. Los participantes comprendieron que todas las personas tienen algo valioso que aportar, independientemente de sus condiciones físicas o sensoriales.
Una invitación a la juventud: El RYLA dejó una enseñanza clara: el cambio social comienza cuando los jóvenes deciden involucrarse. Participar en este tipo de iniciativas no solo fortalece habilidades personales y de liderazgo, sino que también contribuye a la construcción de una sociedad más justa e incluyente.
En un mundo donde las brechas de acceso y participación aún persisten, la juventud tiene el poder de generar transformaciones significativas. Experiencias como esta demuestran que cuando el liderazgo se une con la empatía, el impacto trasciende el RYLA y se convierte en una verdadera herramienta de cambio social.